Es tiempo de lluvia por este lado del mundo. El cielo por las tardes está nublado y gris, estruendos en la lejania advierten lo inminente, una tormenta se acerca.
La melancolia alimentada de mis recuerdos está consumiendo mi alma y la agota. Me siento como un personaje ficticio en un escenario cargado de emociones innecesariamente expuestos ante un público que poco a poco se van alejando comprendiblemente aburridos, ocupados de sus propios problemas. Ermitaño sin convicción que no quiere alejarse del mundo sino que el mundo se aleje de él. Me ahogo en el mar de mis sinrazones, y no doy resistencia. Siento morir a mi ego.
Pero esto no es el fin.
